¡OMG: AUTOMÓVIL COBRA CONCIENCIA Y EXPONE LOS DATOS PERSONALES DE SU DUEÑO!
Se ha informado que podrían haberse filtrado 17 millones de datos en Ecuador (cuya población total a la fecha es de 18.4 millones de habitantes). Pero no hay que alarmarse. La preocupación principal, como bien se ha señalado, son las estafas. Los datos, en cambio, parecen haber salido con tal orden que ya están en la dark web. Sumados a otras filtraciones millonarias, sería necio exigir a los custodios de datos que tomen precauciones. Pero, en fin, se generan nuevos datos personales todos los días: no vayamos a perder el rumbo.
La noticia de Vecter Analyzer es clara: se han expuesto datos del parque automotor, no de usted. Es que con el advenimiento de la IA y la posibilidad de que las máquinas adquieran conciencia, en Ecuador el tema va en serio. Si la filtración es de automóviles, motos, motonetas o tricimotos —es decir, de cosas—, no hay nada irregular, pues por ley no les hemos otorgado el estatus de persona. Entonces, aplicando técnicas refinadas de los ciberseguros, aunque se mostrasen chasis en paños menores y estos se vinculasen a cédulas y direcciones reales, la conclusión es que solo pueden corresponder a las "familias" del vehículo de nudas partes. Con ello, los datos de millones de autobots habrían sido expuestos irremediablemente. Esto no debe importarle; los autobots no tienen derechos aún y, a pesar de la gravedad —las seguridades son deficientes para la información—, no parece haber personas como usted y yo afectadas. La investigación no es necesaria. ¡Qué alivio!
Supongamos otro evento: que la información perteneciera a una que otra persona "de carne y hueso" (como decía mi nana montuvia). Es tranquilizador saber que si su información personal —nombre, cédula, dirección, teléfono, bienes y ubicación— estuviese circulando por ahí, no hay por qué tomar cianuro. El caso se resuelve llamando a la policía; si alguien le envía un mensaje sospechoso, seguro irán presos los malhechores. Entiéndase bien, por lo mismo, que el problema no es que la puerta esté abierta, sino que alguien toque el timbre y le entregue su propia información vehicular a cambio de una recompensa (o no).
Por eso, tenga calma; no se alarme ni sea neurótico. Respire.
Como ve, la situación resulta bastante lógica. Si millones de registros hubiesen sido expuestos, lo adecuado es advertir a los ciudadanos que no caigan en engaños. Cada quien deberá cuidar su información, incluso cuando ya no la tenga bajo su control, porque se ha inaugurado la "responsabilidad del titular de mano larga". Es un enfoque moderno que sustituirá a ese dinosaurio llamado "Responsabilidad Proactiva": la responsabilidad empieza ahora cuando la información deja de estar protegida. Y toda, todita la culpa es del titular por andar dando clics donde no debe. Eso sucede por tener las manos inquietas.
Desde el punto de vista jurídico, esto simplifica mucho las cosas. La Ley Orgánica de Protección de Datos Personales establece principios y obligaciones, pero también deja espacio para la interpretación antojadiza. Por ejemplo, uno podría entender que la mejor forma de proteger datos es alertar a los titulares para que estén atentos una vez robados (o cuando los tome prestados el ex de TIC resentido), en lugar de evitar que se filtren en primer lugar. Es más práctico y cuesta menos. No será usted uno de esos canallas que andan pensando en el interés público y en modas desfasadas.
Un runrún telepático sugiere empezar a registrar a los "cliqueadores compulsivos" para que, en el futuro, cuando haya reclamones, la prensa pueda decir que tienen antecedentes de trigger-happy digital y así sepamos que se lo tienen merecido. Con este registro público de "gatilladores de ratón", sabremos quién posee una personalidad limítrofe cibercriminal.
Les recomiendo que ni sigan leyendo, pues no se ha confirmado nada. Y mientras no se confirme, todo está en orden. Los datos podrían estar expuestos, pero también podrían no estarlo. En ese margen de duda, siempre es preferible enfocarse en lo urgente: que nadie haga clic donde no debe. Un dato personal desaparecido es eso, nada más. No está ni vivo ni muerto, ni dentro ni afuera; no es chicha ni limonada. Nada de eso consta en el texto gramatical de la Ley.
Cabe destacar que la información presuntamente comprometida permitiría identificar completamente a una persona, ubicarla y conocer sus bienes. Pero tómese un ansiolítico y no se asuste. Al contrario, véalo como una ventaja: le facilita la vida. Antes, obtener esos datos requería tiempo o comprar formularios; ahora, el problema es simplemente que alguien los use mal tras el ilícito, sea este consentido o no. ¿Cómo obtuvieron su información? No es de su incumbencia. ¿No debería ser avisado? Tonterías; bien sabe usted, pillín, que "el que nada sabe, nada teme".
Estamos ante la refundación de la protección de datos. Se avecinan "realidades disruptivas" (esa palabra que tanto gusta). Ya no se trata de evitar que los datos se expongan, sino de enseñar a las personas a convivir con esa exposición. Es una educación digital tras la caída de la bomba: si sus datos están fuera, lo importante es que usted no se deje engañar. No coma cuento y pise el pasado.
Por supuesto, queda la pregunta de quién debe responder por una filtración de esta magnitud. Pero esa es una discusión compleja y a usted no le interesa llenarse la cabeza de negatividades. Póngase una ristra de ajos, hágase un baño de ruda y salga confiado a la vida. Deje de lado las discusiones pesadas. Coma sano... y eso aplica también para la información. Mientras tanto, se recomienda no abrir correos sospechosos, menos si son de enemigos declarados.
En definitiva, la situación invita a la calma. Los datos pueden o no estar circulando. Lo importante es que, si alguien intenta usar esa información, usted esté preparado. En la era digital, la mejor protección no siempre recae en quien guarda los datos, sino en quien logra no caer en la estafa. Y me voy, que debo contestar tres correos sobre cuantiosas herencias que me han dejado los reyes de Uganda y Nínive.
No digo más. Buenas vibras a todos

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